En Abril de 1993 a las 11 horas, 23 minutos y 21 segundos, un colibrí Heliactin cornuta batía sus alas a una velocidad de 5.400 veces por minuto y poco a poco
se posaba sobre una flor para alimentarse de su néctar que le daría las calorías necesarias para poder volar otra vez, en el mismo instante en un edificio céntrico en el piso tercero puerta B, el piano nuevo de Teresa Marín caía por la enorme cristalera de su casa tras un fallo técnico por parte de los transportistas, al mismo tiempo Miguel Sivila acababa de darse cuenta de que tenia el único boleto acertante de la lotería que dos días antes encontró urgando en el buzón de su vecino Agustín Merida, que, justo en ese instante acababa de ser aplastado por un extraño piano caído del cielo. Y en ese mismo instante nacía Cintia, hija de Abelardo, un entusiasta de los nuevos conceptos, e hija de Mercedes, una profesora perfeccionista hasta limites insospechados.
Hoy, Cintia tiene 17 años, y por lo general siempre ha sido muy tranquila. A ella le disgusta la gente muy escandalosa, y la que parece que cambia mas de estilo musical que de ropa interior, a causa de no cambiar demasiado de gustos musicales desde la infancia., y sobretodo, odia de manera descontrolada a la gente hipócrita.
Entre otras cosas, a Cintia también le desagrada pronunciar la letra “X”, los colores fluorescentes y las palabras malsonantes.
Por otra parte, le encantan los animales pequeños (excepto los ratones), leer las noticias curiosas de los diarios, los anuncios publicitarios originales, el color lila, los tulipanes, le encantan las mandarinas, fotografiar, la gente tranquila, y sobretodo, ante todo, le encanta que las cosas le salgan bien.

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