Elige un mes. Sólo uno de los doce que tiene el año. Ahora imagínate que únicamente pudieras vivir durante ese periodo de tiempo, todos los años. Imagínate, que cuando los días del mes que has escogido se acaban, te sumerges en un sueño que dura once meses para despertar en el primer día del mes que escogiste. Y así toda la vida. Como comprenderás, las estaciones del año no cambiarían, oscurecería y amanecería siempre a la misma hora y las vivencias en general serían muy parecidas. Ahora bien, intenta imaginar que este ciclo temporal solamente lo vives tú y nadie más. Todo el mundo sigue una existencia normal experimentando un día a día continuo excepto tú, que estás encadenado a un año de unas 30 lunas mientras envejeces doce meses más rápido. Sabiendo todo esto, añade otro factor: eres consciente de todo. Sabes perfectamente tu condición y además recuerdas que, aún viviendo en Julio, existe una época tan fría como el aire de tu nevera y que, en contadas ocasiones, el cielo azul se vuelve blanco y cae sobre la ciudad. Imagínate ahora que te enamoras... sueñas once meses y al despertar ya nada es lo que era. Pasas un mes de dolor y once de pesadillas. Luego doce más de angustia y sólo uno de ellos para poder reprimirla. Lo que quiero que entiendas, amigo mío, es la agonía que siento cuando hablas de amor.
-¿De modo que nunca te sientes solo, Don?
-A menos que eso sea lo que desee. Tengo amigos en otras dimensiones que me hacen compañía alguna que otra vez. Tú también los tienes.
-No. Me refiero a esta dimensión, a este mundo imaginario. Muéstrame de que se trata, haz un pequeño milagro con el imán. Quiero aprenderlo.
-Enséñamelo tú-dijo-. Para corporizar cualquier cosa en tu vida, imagina que ya está allí.
-¿Qué, por ejemplo? ¿Acaso mi damisela solitaria?
-Cualquier cosa. No tu damisela. Algo pequeño para empezar, alo inusitado.
-¿Y tengo que practicar ahora?
-Sí.
-Bueno… una pluma azul. Me miró sin entender.
-¿Qué has dicho Richard?¿Una pluma azul?
-Cualquier cosa, dijiste. No una damisela, sino algo pequeño.
Se encogió de hombros.
-Muy bien. Una pluma azul. Imagina la pluma. Figúratela claramente, con todas sus vetas y bordes, la punta, los desgarrones en V, la pelusa que circunda el cañón. Sólo un minuto. Después déjala pasar.
Cerré los ojos durante un minuto y forjé una imagen mental: quince centímetros de longitud, de color azul, iridiscente virando a plateado los bordes. Una pluma nítida y refulgente que flota en la oscuridad.
-Circúndala con una luz dorada, si quieres. Es un recurso terapéutico para ayudarla a materializarse.
Rodeé mi pluma con un halo dorado.
-Ya.
-Muy bien. Ya puedes abrir los ojos.
Abrí los ojos.
-¿Dónde está mi pluma?
-Si estaba patente en tu pensamiento, en ese momento arremete hacia ti como un Sherman.
-¿Mi pluma?¿Cómo un Sherman?
-Hablo en términos figurados Richard.