Tengo una montaña de cleenex preparados en la mesa. Es absurdo qué a estas alturas me pregunte por la vulnerabilidad humana, pero no puedo evitarlo. Parece ser que soy alérgica a algo más. Curiosamente salgo de casa y esa alérgia desaparece. El problema llega cuando vuelvo a cruzar el umbral de la puerta de entrada y poco a poco, un cúmulo de sensaciones negativas van ocupando progresivamente mis sentidos. Me siento exactamente igual que cuando trato de olvidar una mirada enamoradiza, tratando de salir de mi propio “yo” para no verme afectada por los síntomas que causa y la decepción de quien conoce lo más lógico. Ojos llorosos, congestión mental, presión en el pecho y cleenex preparados sobre la mesa, exactamente igual.
domingo, 30 de enero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
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Por observarte desde el lado roto del cristal que nos separa; por intercambiar contigo el oxígeno del mundo, sintiendo por un instante que tu imagen no es lo único que inunda mis pulmones del perfume que llevas; por todas aquellas puestas de sol, que alargando la sombra de los árboles, me conceden un baile con las siluetas oscurecidas en las que te imagino. Por rozar mis labios contra el viento helado e inventarme tus besos.
Por todo eso, gracias…
domingo, 9 de enero de 2011
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Imagino que es tu trabajo como lector, crear de esto algo consistente; y frente a ello, creo que merezco muchos menos honores de los que tu mente silenciada me pueda llegar a otorgar a lo largo de mi estancia aquí. Supongo que evaluarás (y has evaluado) con esmero cada palabra que he escrito, seguida de la siguiente y de la próxima, buscando con curiosidad un significado que pueda hacer de un anónimo escrito como éste algo que defina ese síntoma inexplicable que yace dentro de ti. Yo, por desgracia no puedo ofrecerte más que estos jeroglíficos inscritos en las paredes interiores de mi humilde y paranoico laberinto de piel y huesos. Me refiero a que la única persona realmente capaz de hacer de una simple fila de letras una verdadera fuente de emociones, eres tú. Considérame pues, por adelantado, la mayor de tus admiradoras secretas.
lunes, 3 de enero de 2011
Menuda hipócrita.
Reconoce que a veces te entregas. Incluso demasiado. Reconoce que en muchas ocasiones, la gula se ha comido al hambre de un bocado. Reconoce que has sido capaz de amar eternamente, sin haber reparado en la fecha de caducidad de tus palabras. Miénteme y dime que para ti las promesas son grilletes de plomo, en este océano de banalidades flotantes en el que vivimos. Sé un diccionario enciclopédico que explique a los demás el enigma que habita en la sonrisa que como cada noche, vistes de rojo. Cómo sabes; cuánto conoces la pasión. Y con qué facilidad te disfrazaste de niña buena y me quitaste el antifaz de lobo feroz; para así verme, oírme y comerme mejor.
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