Nuestro amor era de lata. Su contenido era digerible, pero no auténtico, y por su practicidad solía ser de uso cotidiano. Su fecha de envasado fue el: 28/11/08, y como el resto de amores enlatados, debía conservarse en un lugar fresco y seco, (un par de corazones bajo cero). Después de aquel mutuo “abre fácil”, dejamos expuesto a los ojos del prójimo que aquello nos hacía sentir útiles y plenos; y es que la fábrica de nuestras vidas nos hizo conservar durante meses algún anhelo producto del pasado, introducido a presión y sin permiso. Después de sacarnos las entrañas y presentarlas sobre un plato de porcelana (siendo ambos conscientes de la importancia de las apariencias), metimos nuestros sentimientos en el microondas. Pero todo el mundo sabe que las conservas recalentadas, a la larga, resultan poco saludables. La prisa por continuar con nuestras vidas (consumiendo el menor tiempo posible en cocinar, masticar y digerir correctamente), en muchas ocasiones, nos lleva a cometer errores. Y es que apuesto a que en la mayoría de casos, la indigestión y el insufrible dolor se producen a causa de que (al igual que tú y que yo), muy pocas personas, cuando tienen prisa por vivir y hambre de amar, son capaces de abrir cualquier otra lata con tal de degustar su dulce sabor y no son conscientes de que ya tenían una abierta y empezada.
Y eso es lo que hiciste, mientras yo digería con esfuerzos mi parte, tu, sin miramientos abriste otra lata nueva y totalmente diferente, yo sentía ese aroma que desprendía, sentía risas y sonrisas, caricias, abrazos e incluso besos, y te observaba silenciosa mientras tu saboreabas cada bocado de tu nuevo amor enlatado,…
Mi lata derramó charcos de jugo por el suelo de la cocina; y yo, ciega de mí, los pisé, patiné, y me rompí el corazón.

¡WOOW!
ResponderEliminarQUÉ PROFUNDO:)
Cierto...pero acuerdate que también hay buenas experiencias que sacan patido a muy buenas historias!!:D
ResponderEliminarMe gustan las recursos retoricos que empleas ^^
ResponderEliminarCada vez que te leo... me quedo sin palabras...
ResponderEliminarDime que eres de letras o me suicido, por favor.
Como siempre, nunca me decepcionas.
No sé si es que el comentario que te he escrito no se ha llegado a poner o es que los tienes que aceptar tú. El caso es que te repito lo que te he dicho:
ResponderEliminarMe llamo Lidia y soy de letras, jaja.
Eso del anonimato mola, pero a veces, ya que hay personas maravillosas que se esconden detrás de un nick, o una foto, pero seguramente nunca llegarás a tener ninguna relación además de un comentario.
No he leído el juego del ángel y he intentado leer cuatro o cinco veces la sombra del viento, pero nunca lo he llegado a acabar. Pero he leído libros juveniles de Carlos Ruiz Zafón y me han encantado.
Me gustaría conocerte.