Conozco a un hombre al que su esposa abandonó. Una esposa guapísima, que levantaba envidias y otras emociones. Aquél hombre cambió de domicilio y se aisló del mundo, sin poder olvidarla. Por la tarde, después de trabajar, pasaba las horas esculpiendo su retrato en mármol y escribiendo poesía hasta el anochecer. Luego, repasaba una y otra vez las fotografías que le había tomado cuando estaban juntos; tocaba el piano y creía estar más cerca de ella. El hombre cultivó la idea que tenía de su esposa durante meses, llegando a soñar día sí día también con que se volvían a conocer.
Un día, en la avenida, el hombre la vio; pero no pudo reconocerla. Había modificado tanto la imagen que tenía de ella que ya nada se parecía a la realidad. El recuerdo de su mujer había sido adaptado a la idealización surgida de su mente. Aquél hombre nunca pudo verla de nuevo ya que se había enamorado de una idea.
OOOHH!Ö
ResponderEliminarBonito texto^^